lunes, 29 de agosto de 2016

"El periodista deportivo", de Richard Ford

Traducción de Isabel Núñez y José Aguirre.
Editorial Anagrama (Colección Compactos). 
6ª edición, marzo 2016 (1ª ed. en español, 1990).
396 páginas.
11,90 €, en papel.


Mi curiosidad por Richard Ford surgió a raíz de su concesión del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016 y el aluvión de reportajes elogiosos en torno a su obra que el acontecimiento provocó. Y como el verano es una buena época para ponerse al día y cubrir lagunas de lectura, me puse a ello con expectativas muy altas. 
El periodista deportivo, la obra que "consagró internacionalmente a Richard Ford", como explica la contraportada, me ha interesado y la he leído con gusto y, también, me ha parecido que está sobre valorada por la crítica.
En El periodista deportivo Richar Ford crea un personaje, Frank Bascombe, que le va a acompañar como protagonista en otras dos novelas posteriores -El Día de la Independencia (Premio Pulitzer) y Acción de Gracias- conformando una trilogía que pretende reflejar el modo de vida americano y la visión de un americano sin problemas económicos sobre la sociedad que le rodea.
La novela está escrita en primera persona y toma la forma de un diálogo con el lector, o un monólogo ante él. Frank Bascombe después de haber escrito una novela de éxito, el suficiente para poder comprarse una buena casa en un barrio residencial, ante su incapacidad para sacar adelante la segunda, decide aceptar un trabajo como periodista deportivo (un empleo que desarrolló el propio autor), un trabajo que le permite viajar por los EE.UU., conocer a viejas glorias del deporte o entrevistar a nuevas estrellas, y disponer de bastante tiempo libre. Bascombe es un hombre que quiere creerse que es feliz, que se lo repite con frecuencia, que intenta analizar las cosas en positivo, que muestra tolerancia hacia los demás, que trata de no dar importancia a los reveses de la vida y está dispuesto a iniciar nuevas relaciones que alimenten su ansia de felicidad. Pero la muerte de su hijo de 9 años por una extraña enfermedad y la posterior ruptura de su matrimonio, planean por su espíritu y son una constante llamada al pasado condicionando, de forma ajena a su voluntad, su actitud hacia el presente.
La novela desconcierta en algunas secuencias. Su relación con Vicki, su actual novia, resulta inconsitente, los diálogos banales, livianos, engañosos respecto a unos sentimientos cuya intensidad no consigue la verosimilitud. La aparición, en la última parte de un tal Walter, miembro como él de un grupo de divorciados,  que entra en su vida de forma atropellada casi imponiendo su amistad y haciéndole partícipe de vivencias íntimas perturbadoras, resulta forzada, así como la reacción posterior a su muerte, sin descubrir qué se propone, como si el comportamiento de Frank no respondiera a lógica alguna. Más interesante es la relación que mantiene con X, su ex mujer.
Bascombe busca la felicidad, la forma de superar su pasado, y se convierte en un hombre "fácil" que con el trato decepciona, porque se auto engaña constantemente con las mujeres, confundiendo amor, deseo y matrimonio. Tiene ideas preconcebidas sobre la gente en función de su procedencia (Medio Oeste, Nueva Jersey, Michigan, etc.) y su constante movimiento, por el país y por el interior de sus pensamientos, transmite la inquietud de un hombre insatisfecho con su existencia, dominado por una apatía moral.
La novela se lee bien, distrae, tiene ritmo, propiciado por los constantes movimientos de vuelta al pasado para analizar el presente, de recuerdos imborrables, en ocasiones irrita, en otras muestra hondura de pensamiento. 
No comparto todavía las opiniones de algunos críticos encumbrados de que Richard Ford se esté convirtiendo en el mejor escritor norteamericano. Tal vez vaya cambiando de opinión con otras lecturas suyas.

viernes, 22 de julio de 2016

"El ruido del tiempo·, de Julian Barnes

Editorial Anagrama, 2016                              

Traducción del inglés de Jaime Zulaika.
199 páginas.
16,90 €, en papel.


     Julian Barnes (Leicester, 1946) ha construido un personaje inspirado en la biografía del compositor de música ruso Dmitri Shostakóvich (San Petersburgo, 1906 - Moscú, 1975). La elección es adecuada porque Shostakóvich, además de ser un músico ruso de reconocimiento mundial, vivió (mejor sería decir que sobrevivió) bajo el régimen totalitario de Stalin, y su biografía es controvertida manteniendo la suficiente oscuridad y los suficientes elementos contundentes para que a un novelista le tiente husmear en el interior de su psicología e imaginar las luchas contradictorias, agónicas, que tuvo que mantener con su conciencia. 
Julian Barnes 
     La novela se ocupa del Poder en la Unión Soviética y su relación con el Arte, de un Poder totalitario que se inmiscuía en las vidas de los particulares hasta niveles insoportables. Y si éstos eran artistas o intelectuales, con mayor ahínco. Debió ser difícil poseer talento, destacar, y resistir las presiones que el Poder ejercía para apropiarse de su trabajo de compositor al servicio de los mensajes propagandísticos del régimen, o de su persona de músico de éxito como correa de transmisión de los mensajes políticos. En ocasiones sucumbió.
Dmitri Shostakóvich
     Para algunos de sus biógrafos Shostakóvich fue un disidente y para otros un esbirro del totalitarismo. Lo cierto es que su obra fue prohibida en la Unión Soviética durante veintiséis años mientras podía escucharse en el resto del mundo. Pero también es cierto es que se le concedieron varios premios Lenin, tuvo privilegios especiales, representó a su país en el Congreso Cultural por la Paz en Nueva York, acabó afiliándose al PCUS y formando parte de sus órganos decisorios. ¿Por qué, en la época más dura del terror de Stalin a Shostakóvich se le presionó, se le denigró y humilló y, al mismo tiempo, se le permitió vivir y seguir componiendo? 
     Julian Barnes no es un historiador, tampoco un biógrafo, es un novelista y nos cuenta una versión verosímil. Tal vez lo mejor de este relato intenso es la forma en la que consigue que el lector sienta esas garras claustrofóbicas del Poder sobre la libertad creadora y existencial del artista. La imagen de un hombre, padre y esposo, vestido en mitad de la noche con un maletín en la mano, esperando en el rellano del ascensor a que vengan a por él, para evitar que su familia vea cómo es sacado de la cama por la fuerza y apresado en pijama para ser llevado a un lugar ignoto del que no se vuelve, resulta estremecedora. Shostakóvich representa al individuo normal en circunstancias de pánico. Barnes, con habilidad, a través de un relato en tercera persona desde el interior de su protagonista, nos muestra su lucidez, su indefensión, su falta de heroísmo, incluso su cobardía o, su necesidad de proteger su vida y la de los suyos, incluso proteger su obra, aunque para ello deba someterse a los dictados extravagantes y necios de los mensajeros de Stalin, deba leer en público los aborrecibles discursos que le escribían o firmar cartas contra intelectuales que admiraba. Tal vez lo mejor de esta novela sea que, a pesar de ello, el lector renuncia a juzgar a Shostakóvich (¿qué hubiéramos hecho cada uno de nosotros en su lugar?) porque lo condenable fue el régimen en el que tuvo que vivir.
     Una novela corta, demasiado corta para el tema que aborda, con muchas frases para la reflexión, una recreación sutil del lenguaje sibilino del Poder, muy interesante, en la que hay ironía, incluso sarcasmo, también compasión, y que mantiene la figura del compositor entre los claroscuros que seguirán alimentando la controversia.

sábado, 9 de julio de 2016

"Johnny empuñó su fusil", de Dalton Trumbo

Editorial Navona, 2015.                         
Dalton Trumbo 

271 páginas.
Traducción de José Luis Piquero.
Epílogo de Javier García Sánchez.
13,70 €, en papel.


Todavía recuerdo cuando, hacia 1972, vi, en el desaparecido cine Artis de Valencia, la película "Johnny cogió su fusil". Salí estremecida. 

Una película que me dejó una huella enorme y que hoy, después de leer la novela que la inspiró (con un sutil cambio en el título), me gustaría volver a visionar. En mi memoria la película se mantiene más lírica, a pesar de la enorme tragedia que nos cuenta, que el libro. En cualquier caso, Trumbo, novelista, guionista y director de cine, su autor incontestable, nos proporciona un texto antibelicista, lleno de reflexión, de un hombre que, por encima de cualquier interés, coloca el supremo valor de una vida humana.
Johnny es un joven representante de la América rural que, como si de una fiesta se tratara, se alistó, junto con otros miles de jóvenes americanos, para defender la democracia en una Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial. Un obús acabará con su alegría. Cuando despierte en un hospital irá descubriendo horrorizado los daños causados en su persona. Sin brazos ni piernas, sin cara y sin posibilidad de ver, ni oír, ni hablar, pero vivo porque comprueba que tiene la capacidad de pensar, enterrado en su propio cuerpo, el pánico se adueña de él y lo contagia al lector, sin duda, que no puede evitar meterse en la piel de Johnny y compartir sus sentimientos. Por eso la novela también podría ser calificada de terror, con mayor autoridad que muchas que se venden bajo esa etiqueta.
Johnny empuñó su fusil es una novela escrita en tercera persona desde la mente de Johnny, una técnica compleja, y es una narración de supervivencia en situaciones límite. Vencer el desconcierto del paso del tiempo, la necesidad de medirlo de alguna manera, la terrible soledad de la incomunicación a la que le condena su estado, el miedo a la pérdida de identidad, serán objetivos que irá marcándose. Johnny se dedica a recordar su vida, su familia, sus momentos felices, a reflexionar porqué se metió en una guerra en Europa que ni le iba ni le venía, se cuestiona si la democracia se merece tanto sacrificio y, sobre todo, a ingeniárselas para hacerse entender. Lo consigue, no diré cómo porque es mejor que el lector lo descubra por sí mismo, y la respuesta decepcionante, fría, de las autoridades a sus mínimas demandas. 
Aunque a la novela le sobra algún capítulo, nadie debería dejar de leerla, mantiene su vigencia y su fuerza después de 77 años desde su publicación en 1939, días antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, prueba de que el ser humano no aprende, sobre todo los políticos, de que la guerra nunca es la solución con que pretenden vendérnosla.
Dalton Trumbo resultaba incómodo para el poder, por eso es digno de nuestro amor y respeto.

viernes, 8 de julio de 2016

"Vidas cruzadas", de Ángel Martínez Pons

Editorial Sargantana, 2015                 
343 páginas.
17,90 €, en papel.

De Ángel Martínez Pons (Orba, Alicante) había leído varias novelas, todas de carácter histórico. Recuerdo especialmente Juan de Austria. Novela de una ambición (Edhasa, 2003), que me encantó. Por eso me ha sorprendido Vidas cruzadas, porque se aparta de su especialidad para adentrarse en el territorio de la novela realista, actual (2ª mitad del siglo XX) y de sentimientos. 
Ángel Martínez Pons

La acción transcurre en Valencia y por los datos que aporta (los protagonistas estudian Filosofía y Letras en el edificio de la Universidad de la calle de la Nave) y por las costumbres y conductas que refleja, ésta puede ubicarse temporalmente entre las décadas de 1960 y 1970.
Destaca la estructura de la novela que descansa en una docena de voces que van tomando la palabra en primera persona, contando al lector lo que cada uno observa, lo que cada cual siente y percibe en torno a hechos cotidianos, naturales y, para ellos, en ocasiones trascendentales. La estructura también es circular porque la primera parte y la última se dan la mano, una historia, la de Laura y Borja termina para dar paso a otra que comienza, pero entre medio ocurren muchas cosas.
Vidas cruzadas es una novela sencilla, inspirada en la vida misma, con personajes cercanos, normales, que aspiran a disfrutar de una cotidianidad sin sobresaltos, que responden a la mentalidad de la época, educados bajo la dictadura, alejados de la política, jóvenes que se preparan para un futuro independiente, que se enamoran, que sufren la represión sexual, que poseen creencias religiosas, que tienen que salvar obstáculos familiares, que valoran la amistad como algo esencial y se manifiestan leales entre ellos en todo momento. 
Una novela que va tomando fuerza conforme avanza y que la disfrutarán, sobre todo, personas mayores cuya memoria conecte y entienda con facilidad comportamientos y actitudes que hoy serían tachados de anómalos. Una forma de poner en evidencia los enormes cambios sociológicos habidos en España durante los últimos cuarenta años. Transmite un espíritu positivo de la vida, a pesar de las tragedias, y la importancia de rodearse de personas con bondad y generosidad.

martes, 28 de junio de 2016

"Cinco esquinas", de Mario Vargas Llosa

Editorial Alfaguara, 2016.                         
Portada
314 páginas.
20,90 €, en papel; 12,34 €, en ebook.

          Cuando me acerco a una nueva obra de Mario Vargas Llosa, lo hago con el respeto que merece el autor de La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, o La Fiesta del Chivo, un puñado de obras maestras que me han venido a la mente  así a bote pronto y sin ningún esfuerzo. También con las enormes expectativas que genera una trayectoria literaria tan larga, rica y variada.  Cinco esquinas, sin embargo, me ha decepcionado.
          Es imposible no compararla con La Fiesta del Chivo, por ejemplo, por la temática de denuncia de unos gobernantes corruptos que usan el matonismo y el terror para someter al pueblo, en la republicana dominicana en un caso, en el Perú, patria del autor, en este libro que les comento. Pero en Cinco esquinas, la trama argumental, los personajes e incluso el lenguaje, parecen languidecer ante la fuerza literaria de los de La Fiesta del Chivo.
          La acción se ubica en Lima, durante los años de la dictadura de Fujimori (que fue adversario político de Vargas Llosa en unas elecciones presidenciales) y su mano derecha, el siniestro Doctor, jefe de las fuerzas de seguridad. La novela se estructura en torno a dos tramas que no acaban de acoplarse bien. La primera toma la forma de una aventura amorosa entre dos amigas pertenecientes a la clase más encopetada de la sociedad limeña. Dos mujeres frívolas, ociosas, pijas a más no poder, casadas con hombre ricos y poderosos que, a su vez, son amigos entre sí, y que, en el ámbito privado se comportan como si fueran caricaturas de sí mismos. La cursilería de los diálogos entre ellas, y entre ellas y sus maridos, estuvo a punto de hacerme abandonar la lectura. Ni siquiera las escenas sexuales resultan excitantes. La otra trama tiene más envergadura e interés, conecta con el chantaje, al esposo de una de ellas, de un periodista director de una revista de escándalos, las consecuencias criminales del mismo y las conexiones con un poder político que instrumentaliza a cierta prensa para desprestigiar y hundir a cualquier adversario molesto.
          A los personajes les falta cuajo. La Retaquita, por ejemplo, una periodista llena de rencor, sin escrúpulos y con el colmillo retorcido, pasa a convertirse en heroína en un proceso al que le falta credibilidad. El malísimo Doctor comete errores impropios de un argumento solvente al igual que el chantajista, un profesional que se deja llevar por la ira antes que por la cabeza.
          Cinco esquinas se lee bien, por supuesto, y entretiene, pero pasará, en mi opinión, como una obra menor y poco afortunada del Premio Nobel.
          María García-Lliberós

viernes, 24 de junio de 2016

"Léxico familiar", de Natalia Ginzburg

Editorial Lumen, 2011 (4ª edición)                                  
Portada

Prologo de Flavia Company.
Traducción del italiano: Mercedes Corral.
268 páginas.


He descubierto a Natalia Ginzburg a través de esta obra, con ocasión del club de lectura al que asisto cada mes en la librería Gaia de Valencia, que dirige con sabiduría el catedrático Justo Serna. Empezaré esta reseña diciendo que me encuentro seducida por el estilo de esta mujer, eso tan difícil de definir, que tiene que ver con los temas argumentales, la biografía, el punto de vista, el uso del lenguaje y que constituyen el sello de un escritor, de aquellos que, como Natalia Ginzburg, lo poseen. 
Natalia Ginzburg
Léxico familiar toma como eje central la familia, pero no cualquier familia, sino la familia de soltera de la autora, los Levi, de Turín. En una nota preliminar advierte que los lugares, hechos y personas que aparecen son reales. Ni siquiera cambia los nombres. Y utiliza como metodología para enhebrar la trama, la memoria, fuente de inspiración esencial y, en este caso, única, de un novelista. Confiesa que ha escrito sólo aquello de lo que se acordaba. Sabemos que la memoria es selectiva y, con el tiempo, moldea los hechos del pasado, único resquicio por el que puede haber dejado pasar la imaginación. 
Léxico familiar es una novela que contiene mucho de crónica, biografía, e historia de Italia, la que transcurre entre 1930 y 1950, dos décadas turbulentas marcadas por el ascenso de Mussolini al poder, la persecución racial y la lucha antifascista. Natalia Ginzburg, nacida en 1916, tenía entre 14 y 34 años, adolescencia y primera madurez de una futura gran escritora dotada con una maravillosa capacidad de observación.
Los Levi eran judíos, antifascistas y socialistas, una combinación peligrosa en los tiempos que les tocó vivir. El padre era profesor de anatomía de la universidad, en apariencia severo, autoritario y de ideas fijas, amante de la montaña. La madre era una mujer nacida en Milán, alegre y aparentemente despreocupada, con ideas propias. Tuvieron cinco hijos y Natalia fue la pequeña. Léxico familiar, un título muy bien puesto, hace referencia a las expresiones propias de la familia Levi, esas frases que identifican a alguno de sus elementos y que, entre los miembros de la misma, no requieren ninguna explicación porque todos están en el ajo. Son expresiones llenas de ironía y sentido del humor y, tal vez, una de las cosas que mejor consigue la autora es que el lector acabe sintiéndose otro miembro de la familia, compenetrándose con ese léxico particular. 
Los Levi estaban relacionados con la sociedad culta y comprometida de Turín, por lo que nombres como el poeta y novelista Césare Pavese, el prestigioso editor Giulio Einaudi o el filósofo Felice Balbo, se pasean por estas páginas y enriquecen la contextualización social y política necesaria en el que el universo familiar se desarrolla. La autora nos recuerda los primeros años de la prestigiosa editorial Einaudi, por ejemplo, hoy propiedad de Berlusconi, en la que trabajó al igual que su marido, Leone Ginzburg, dirigente del partido Justicia y Libertad, torturado y muerto en la cárcel de Roma en 1944. Muchos datos aporta este libro delicioso, en el que, a pesar de los motivos y los hechos, en ocasiones terribles, hay una ausencia total de rencor y un tono de sinceridad muy convincente.
Tengo intención de volver a leerla. Lo pasé demasiado bien. 
María García-Lliberós

domingo, 19 de junio de 2016

"Diario de una sombra" en formato electrónico.

Diario de una sombra, de María García-Lliberós.
Editorial Sargantana.
17,90 €, en papel; 2,99 € en ebook.

En noviembre de 2015 se publicó la 1ª edición en papel.
En mayo de 2016 apareció la 2ª edición.
Y a partir de junio de 2016 se puede encontrar en versión electrónica, en todas las plataformas de internet, a un  precio muy asequible.

Gracias a los lectores que lo hacéis posible.

jueves, 16 de junio de 2016

UNA PROPUESTA DE LECTURAS PARA EL VERANO 2016

Algunos de los libros de la lista que viene a continuación los he leído ya, incluso puede encontrarse la reseña en este blog y, por supuesto, me han gustado (por eso los recomiendo). Otros están pendientes de leer, porque la lista la ha hecho también para mí. Me encanta concebir la estación del verano como especialmente lectora. Conforme los vaya "devorando", los iré comentando. Pero me he informado lo suficiente, a través de revistas literarias y de otros lectores, para atreverme a recomendarlos. Compartir significa también compartir riesgos. En cualquier caso, espero que os resulte útil y confío que, tanto si os gustan como si no, me lo hagáis saber. 
¡Feliz verano y felices lecturas!, María García-Lliberós

Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. Editorial Lumen, 2011.
La autora nos habla de su familia judía y antifascista, los Levi, que vivió en Turín desde 1930 hasta 1950. La historia de Italia en esas décadas tan importantes se pasea en bata por las páginas de este libro donde las anécdotas familiares se mezclan con pensamiento de mucho calado. Un libro delicioso.
Reseña en este mismo blog, entrada de 25.06.2016


Farándula, de Marta Sanz. Editorial Anagrama, 2016.
Una historia sobre el miedo a perder un sitio, la resistencia a la metamorfosis y la conveniencia –o no– de la metamorfosis. Sobre qué significa hoy ser reaccionario. Sobre los cambios de lenguaje que reflejan cambios en el mundo. Y sobre los cambios de lenguaje que no reflejan nada. Sobre las pompas de jabón, el desprestigio de la cultura y la posibilidad del arte de intervenir en la realidad. Una novela innovadora.

El mundo deslumbrante, de Siri Hustvedt. Editorial Anagrama, 2014

Harriet Burden, personalidad enigmática del arte neoyorquino de los años ochenta, es objeto de una indagación académica. La personalidad de Harriet es poliédrica, provocadora y desconcertante. Fue, ante todo, una artista ninguneada por su condición de mujer en un entorno marcado por un soterrado machismo. Y, para denunciar esta situación, puso en marcha un experimento artístico transgresor, exponiendo su obra a través de tres jóvenes varones que se convertirían en sus máscaras. Una prodigiosa novela sobre el papel de la mujer como creadora.
Reseñada en mi blog Crónica de lecturas

Vidas cruzadas, de Ángel Martínez Pons. Editorial Sargantana 2105.
Vidas Cruzadas nos habla del tránsito de Borja, Marta, Laura, Juan, Amparo… y otros muchos por el mundo. Algunos nos han dejado ya, pero seguimos oliendo su perfume y respirando su esencia. Las vidas de los hombres son vidas cruzadas, relacionadas estrechamente como los granos de un racimo de uvas. Nos cruzamos en las calles sin mirarnos, sin dirigirnos una palabra, sin saludarnos. Pero en el fondo, tenemos la misma raíz, y el mismo futuro.
Reseña en este mismo blog. Entrada de 08.07.2016


 La noche de los niños, de Toni Morrison. Editorial Lumen, 2016.

Según la autora, Premio Nobel de Literatura,  La noche de los niños está aquí para dar energía a la voz de las mujeres y trazar caminos insólitos que nos liberen de la soledad. Una empresaria de éxito arrastra la alargada sombra de la infancia sobre su vida adulta y la de su pareja. Un viaje iniciático en busca de la redención.

El puñal, de Jorge Fernández Díaz. Editorial Destino (Planeta), 2015.
Un ex combatiente negro de las Malvinas trabaja para los servicios secretos argentinos. Se le encomienda proteger a una abogada española que se halla en Buenos Aires tanteando empresas para la exportación de vino a España, pero pronto se desvelará como una tapadera de negocios turbios. El puñal es una novela sobre la turbulenta relación entre un hombre y una mujer y sobre la verdadera trastienda del poder, la narco-política y el crimen. Una trama que corta el aliento.

Los placeres ocultos de la vida, de Theodore Zeldin. Plataforma Editorial, 2015.
Un libro que, en cada capítulo, a través de una voz determinada, enfrenta momentos históricos y experiencias personales para establecer un diálogo esclarecedor. Estamos ante una gigantesca conversación poblada de autorretratos, resultado del esfuerzo de un sabio que pretende que nos conozcamos mejor a nosotros mismos.

El periodista deportivo, de Richard Ford. Editorial Anagrama (colección compactos), 2003.
Novela que consagró a Richard Ford, Premio Princesa de Asturias 2016, como uno de los mejores escritores americanos. Frank Bascombe, de 38 años y un magnífico porvenir como escritor, tras la publicación de un libro de cuentos, abandona la literatura y pasa a escribir sobre deportes, lo que le permite aprender una lección: «En la vida no hay temas trascendentales. Las cosas suceden y luego se acaban, y eso es todo.» Lección que podría aplicarse a su fugaz fama como escritor, a su breve matrimonio o a la corta vida de su hijo mayor. Un implacable testimonio de los desencantos inevitables.
Reseña en este blog. Entrada de 29.08.2016

Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa. Editorial Alfaguara, 2016.
Una situación erótica entre dos mujeres se va convirtiendo en una historia policial y, luego, en un mural de la sociedad peruana durante los últimos meses de la dictadura de Fujimori. El periodismo amarillo, utilizado por el dictador como arma política contra sus adversarios impregna la historia, y el periodismo profesional como instrumento de liberalización.
Reseña en este mismo blog. entrada de 28.06.2016.


 La maga y otros cuentos crueles, de Elia Barceló. Editorial Cazador de ratas, 2015.
La autora nos ofrece con este libro, Premio de la Crítica Valenciana 2016, una colección de relatos sorprendente por su variedad e intensidad. Cada crueldad, porque el título hace justicia- tiene un sabor diferente. Es fascinante cómo la autora juega con el lector ofreciéndole una realidad solo para, poco después, romperle los esquemas e introducirlo en un mundo en el que nada es lo que parece.

La piedra lunar, de Wilkie Collins, Alba Editorial , 2011

El día de su 19º cumpleaños, Rachel Verinder recibe de su difunto tío, un esplendoroso legado: un diamante enorme, cuyo brillo crece o mengua en consonancia con las fases lunares, valorado en 30.000 libras. Lo que no sabe Rachel es que esta valiosa joya, producto de un robo sacrílego,  acarrea una maldición. La misma noche en que la recibe tiene ocasión de comprobar que se trata en realidad de un regalo envenenado: el diamante desaparece y siembra la confusión, la desconfianza, la codicia y la muerte en una familia hasta entonces bien avenida.


miércoles, 15 de junio de 2016

"Esa puta tan distinguida", de Juan Marsé

Editorial Lumen, Barcelona 2016
235 páginas.
21,90 €, en papel; 12,99 €, en electrónico.

Marsé se mantiene fiel a su universo narrativo anclado en la Barcelona de barrio en los años negros del franquismo y con protagonistas extraídos de esa población que malvive entre trabajos de medio pelo y actividades en el borde de la delincuencia. Aunque introduce nuevos elementos que vienen de la singular estructura cronológica del relato: en la novela, un autor en 2015 (Marsé) escribe imaginándose a sí mismo en 1982 investigando un suceso acaecido en 1949. Las fechas están escogidas: de la degradación moral actual al pacto político de la Transición, y de ahí, a la degradación moral del franquismo.

La novela comienza con una entrevista periodística en la que figuran sólo las respuestas y en la que Marsé se define como laico y anticlerical, explica el origen de su vocación como escritor y se manifiesta enemigo de los nacionalismos. Deja claro que su novela trata de que la memoria puede falsearse o manipularse. Una extraña entrevista que, a manera de prólogo, condiciona la interpretación que de lo que sigue pueda hacer el lector.  
Pportada novela
Se inicia con el encargo al narrador de escribir un guion cinematográfico sobre el asesinato de la prostituta Carolina Brul, estrangulada con una cinta de celuloide de la película Gilda en la cabina de proyección del cine Delicias de Barcelona en 1949. Este suceso lo había novelado Marsé en el libro Si te dicen que caí (1973) y, precisamente, las inexactitudes respecto a los hechos provocó que recibiera la visita del asesino para protestar, lo que  ha dado lugar, después de más de 40 años, a esta segunda novela en torno al mismo caso, según ha contado el autor en los medios.
El escritor acepta el trabajo, a pesar de discrepar del director, un comunista que insiste en un adoctrinamiento trasnochado a través del cine, y del productor interesado sólo por los resultados de taquilla, y se esforzará por identificar los motivos para un crimen, hasta entonces ocultos, de forma que la novela se convierte en una crónica de la investigación. Leerá los expedientes sobre el caso en los archivos policiales, y mantendrá entrevistas con el asesino Fermín Sicart, que confesó los hechos sin recordar por qué lo hizo, debido a que fue paciente de un psiquiatra que le borró la memoria. Marsé ha querido recordarnos las prácticas del doctor Vallejo Nájera (el Mengele del franquismo), que pretendió curar a los prisioneros republicanos rojos de su izquierdismo con electro shocks.
Esa puta tan distinguida es una novela que contiene mucha reflexión ya sea sobre la censura, las palabras prohibidas durante la dictadura, y el lenguaje o sobre el proceso de escritura y las diferencias entre escribir un guión cinematográfico o una novela y sobre la manipulación de la historia. Hay mucha cultura y mitología cinematográfica. Aprovecha de paso para ajustar cuentas con un sector que conoce bien pues ocho de sus novelas han inspirado otras tantas películas.
Especial interés tienen los personajes. Junto con el propio autor protagonista y Fermín Sicart, se encuentra Felisa (inspirada en la actriz Thelma Ritter, que aparecía en Eva al desnudo y La ventana indiscreta), la asistenta del narrador, una mujer lista, socarrona, con sentido práctico y alegría contagiosa, cinéfila empedernida que introduce el humor en la novela. La puta ciega, Manolita, cuyo desarrollo del sentido del tacto enardece la fantasía de los clientes, es otro personaje impagable, existente en la imaginación de Marsé, que genera páginas delirantes que provocan la carcajada.
 Una novela que se lee con enorme facilidad por el lenguaje de prosa directa en primera persona y por la variedad de recursos empleados: la entrevista, el guión cinematográfico, los diálogos llenos de agudeza, la reproducción de fragmentos de expedientes policiales, las referencias cinematográficas, el sentido del humor. Aunque habrá lectores a los que les pueda resultar deslavazada o superficial. Una novela en la que permanecen las obsesiones de Marsé, su aversión al nacionalismo catalán, su oposición a la desmemoria colectiva y a la manipulación de la misma de la que Esa puta tan distinguida es su mejor parodia.
María García-lliberós




martes, 24 de mayo de 2016

El escritor Abelardo Muñoz escribe sobre "Diario de una sombra" en Cartelera Turia

En la sección Escrito sobre el viento del número 2.729 de Cartelera Turia, el escritor Abelardo Muñoz nos da su opinión sobre mi última novela.

Define la  novela como de realismo romántico, "una historia de amor, escenificada en la capital del Turia y con simpáticos aires vintage". En realidad esta historia de amor es secundaria y la más importante es la que se cuece en Londres en el verano de 1972 que es donde arranca la historia cuyas consecuencias se arrastrarán treinta años más tarde.

He escaneado el artículo para poder reproducirlo aquí, en el tamaño más grande que me ha permitido el sistema.


Gracias, Abelardo, por prestarle atención a mi libro, aunque disienta de algunas interpretaciones que haces.

lunes, 16 de mayo de 2016

"Paris-Austerlitz", de Rafael Chirbes

París-Austerlitz, de Rafael Chirbes.                                      
Editorial Anagrama, 2016.
153 páginas.

Con esta novela, publicada después de su muerte, Rafael Chirbes vuelve a sus orígenes, a la novela corta, que cultivó entre 1988 y 1994 (Mimoun, La buena letra, Los disparos del cazador). Y, como exige ésta, la prosa es intensa, concisa, directa y sin concesiones. Lo que no está reñido con el lirismo que en ocasiones le exige la trama.
La escribió durante 20 años, tomándola y dejándola, desde cuando vivía en Valverde de Burguillos, (Badajoz, 1996), hasta que la terminó en Beniarbeig (Alicante, mayo de 2015), como si fuera una historia que le hubiera estado atormentando durante ese tiempo y que necesitara expulsar para ponerle punto final. París-Austerlitz, junto a Mimoun, constituyen dos rarezas en la producción literaria de Chirbes, son las dos piezas de un paréntesis en el que se enmarca el resto de su obra, la gran crónica de España desde 1936 hasta 2015. En estas novelas se aparta de ese objeto colectivo para concentrarse en el individuo y hablarnos de sentimientos. Son sus novelas íntimas y con mayor presencia autobiográfica.
Rafael Chirbes
Paris-Austerlitz es un relato en primera persona, testimonial y sincero, de un narrador que es protagonista de la historia de amor vivida en París en la década de los noventa. Entonces era un joven de izquierdas, pintor y homosexual que abandonó Madrid, para escapar del ambiente burgués familiar, atraído por la deslumbrante atmósfera artística de París. Allí conocerá a Michel, mucho mayor que él, de otra clase social, de una familia de origen campesino poco estructurada, de clase obrera. Un hombre con una infancia y juventud marcada por la pobreza, la ausencia del padre, la prostitución ocasional de la madre. A partir de ahí, Chirbes, a través de la memoria del joven español, recrea la historia desde el enamoramiento inicial, la plenitud de la primera etapa -“prodigios de la primera etapa del amor. Engañosas prestidigitaciones de carne y juego de disfraces: los disfraces del deseo: la flor que atrae con su brillante color al insecto” (pág. 76)-, el apasionamiento, el juego sexual con escenas explícitas, la ternura, pasando luego por la etapa de la “carcoma”, eso es, los celos, la posesión, el dominio de uno por el otro, hasta el final, la desaparición del deseo y el rechazo. A ello agrega la presencia de la plaga (palabra de connotaciones de castigo bíblico), forma como alude al sida y la repugnancia de la enfermedad y de la muerte.
Chirbes no es un escritor complaciente ni optimista y esta novela lo corrobora. Con extraordinario pulso narrativo observa la sociedad y la despedaza con lucidez. Observamos los siguientes elementos chirbesianos de la novela:
- El escenario narrativo. La acción está ubicada en un barrio pobre de París (Vincennes), alejado de los itinerarios turísticos, habitado por emigrantes y marginados que consumen droga, alcohol y sexo.
- La crudeza del lenguaje  al describirnos la vida tal cual es –“… algunas noches mi madre se acostaba a mi lado y me daba calor. ¿Y sabes qué recuerdo de aquellas noches en que dormimos juntos? Que ella olía al sudor de otros, y yo sentía asco, aunque sabía que lo que fuera que hiciese lo hacía por mí y por mis hermanos” (pag.61)-. El lenguaje explícito, tanto en escenas amorosas o sexuales, como en la descripción de las miserias que provoca la enfermedad
- Su pesimismo existencial sustentado en la creencia de la necesidad de amar y, al mismo tiempo, nuestra incapacidad para prolongar la plenitud del amor. El amor no queda al margen del dominio de unos sobre otros, ni de la estructura social del mundo capitalista.
- La muerte despiadada. “No hay indulto en su condena ni vuelta atrás en nuestra agotada historia”.
- El egoísmo de la conducta humana evidenciado en el abandono, en un hospital, del enfermo que fue su amante y le dio cobijo en París.
- La mirada marxista posada sobre la diferencia de clases entre la pareja protagonista, económica y de estrato social, que acaba corroyendo la relación.
- La honda reflexión sobre la condición humana en nuestra época.

Una novela dura cuya lectura no deben eludir.

 María García-Lliberós




martes, 10 de mayo de 2016

Lo dice Justo Serna: hay que leerme. Y yo, encantada.



Justo Serna                                                                    
Justo Serna
¿Por qué hay que leer a María García-Lliberós?
     En primer lugar, una novela de María, por ejemplo 'Diario de una sombra', es una historia bien contada, narrada con finura, pensando en los destinatarios, en qué les puede despertar de la modorra. Al decir modorra, pronuncio una palabra bien fea, muy adecuada para describir qué nos pasa cuando nos abandonamos, cuando nos adocenamos. Una página de María contiene sentimientos contrapuestos, los que se hacen explícitos y otros que los personajes acarrean en silencio.
     En segundo término, una historia de García-Lliberós es propiamente historia, una revisión del pasado reciente o más remoto, un tiempo que nos concierne y un espejo deformante en el que malamente nos reflejamos. De 1972 hasta nuestros días, España ha cambiado y lo que era un futuro prometedor de este o de aquel personaje puede convertirse en un pasado interrumpido. Lo oculto. Lo tapado regresa para consumar una historia con final posiblemente siniestro.
     En tercer lugar, una novela de María es un estudio de caracteres, la conducta de personajes, el habla de los tipos humanos. García-Lliberós distingue bien la entonación, el estilo, las muletillas de sus criaturas. Peto más allá de ese don, María domina con maestría el relato en tercera persona con estilo libre indirecto. Mario Vargas Llosa lo descubrió en Gustave Flaubert. Para mi gusto, este recurso (que el narrador se exprese con modismos de los personajes) es una de las habilidades que cultivan los buenos novelistas.
     En cuarto lugar, un relato de María es vicisitud personal y es estado colectivo, un estadio de la vida reciente. Es diálogo, oralidad muy bien captada por el oído de la autora. La vida se va transformando y lo que fue amor puede ser a la vez cinismo, lo que pudo ser coraje es o puede ser cobardía al mismo tiempo.
     En quinto término, una novela de María García-Lliberós es un cruce generacional, una reconstrucción de lo que personajes tan distintos han vivido. La vivencia no es experiencia. Es algo más. Es el sentimiento de lo percibido. En las historias de María hay un estado de cosas y hay un estado de ánimo. No hay fin. El curso de los acontecimientos reúne a personajes alejados, de generaciones distantes, en efecto, para rehabilitar desarreglos o para curar heridas. Ahora bien, no son la fatalidad o la determinación o el simple paso del tiempo aquello que cura. Es la decisión, la responsabilidad, la vergüenza.
     En sexto lugar, una historia de María contiene vestigios de otro tiempo, algún documento que obliga, algún resto material que es sobre todo emocional. Documento viene del latín 'Documentum' y a su vez del infinitivo 'Docere': enseñar, mostrar, instruir. El principal documento que aparece en 'Diario de una sombra' sirve para impartir una lección de coraje y de historia, de contextualizacion y de sensibilización.
     Hay, sí, numerosas razones para leer a María García-Lliberós. Descubra a sus últimos personajes: Gabriel, Gonzalo..., y me paro aquí. La vida familiar, lo que pudo ser, los éxitos, los estigmas y mucho más nos harán cavilar gustosamente.
    
     Publicado en Facebook el pasado 5 de mayo de 2016

     Justo Serna es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia y autor de numerosos libros. Además, es un empedernido lector de novelas y posee una capacidad de análisis envidiable, y de contagiar el placer de su lectura.

domingo, 8 de mayo de 2016

José Antonio Vidal Castaño, el pasado 06.05.2016, en La Eliana

Sobre DIARIO DE UNA SOMBRA, de María García-Lliberós
            (Extractos de la presentación. L’Eliana)   
José Antonio Vidal Castaño

María García-Lliberós tiene, como consumada novelista que es, un estilo propio muy trabajado que viene dado por su conocimiento del oficio, el tesón y la imaginación para transformar en novela, en carne y sangre de literatura, lo que era pura vivencia o evanescente experiencia.
El gran tema de María ES LA FAMILIA, o mejor, como diría Michael Foucault, las relaciones de familia. Recordaré que el filósofo francés prefería no hablar directamente del poder -su gran tema-, sino de las relaciones de poder. Así ocurre con las relaciones de familia en el caso de nuestra novelista; hilos que maneja a la perfección. Hilos complicados que tejen y destejen las relaciones de padres e hijos, de matrimonios, divorcios, reconciliaciones, odios ancestrales o empatías emocionales… Un mundo complejo, donde el desconocimiento de las leyes y de los componentes jurídico-legales que regulan estos comportamientos se paga literariamente muy caro. María García-Lliberós domina estos aspectos de la vida familiar, tanto si escribe sobre los conflictos cotidianos, domésticos, como si lo hace sobre problemas familiares más peliagudos y complejos, como pueden ser divorcios o herencias. Buen ejemplo de ello es su estupenda novela Babas de caracol donde sus conocimientos sobre los temas legales llega a abrumarnos por la precisión mostrada en los más nimios detalles.
Todo ello viene a reforzar la confianza del lector al detectar el conocimiento y la investigación necesarios para narrar historias; no se puede fallar acerca de la necesaria verosimilitud, tanto de la estructura como del entorno en los que se desenvuelve el relato.
En Diario de una sombra, destaca, a mi entender, la más que notable habilidad para describir y trazar el perfil psicológico de sus personajes, en particular de los protagonistas, a los que a lo largo de la narración va dotado de certeras observaciones y perspectivas insospechadas…

No les voy a revelar la trama humana y sentimental, esta decisión sobre contar o no lo argumental debe ser una decisión –en mi opinión- de la propia autora; de la hacedora de sus criaturas novelescas, pero si veremos, aunque someramente y con gruesas pinceladas, algunos de los perfiles trazados acerca de los personajes sobre los que pivota esta apasionante novela…
 El personaje masculino más fuerte es, sin duda, Gabriel Pradera Blasco, un abogado éticamente poco escrupuloso, que contrae un matrimonio de conveniencia con Nuria Ribazo, una mujer cuya principal cualidad es la de ser la hija de una poderosa familia de banqueros, con acceso a los principales resortes del poder económico; poder asesor y cómplice, en demasiadas ocasiones, de la corrupción política.
No menos interesante es Gonzalo Núñez, el personaje incómodo,  inesperado para Gabriel Pradera; el que irrumpe, el que aparece en escena, actuando como en buena medida como un resorte que desencadena ciertos acontecimientos.
Elsa, primer amor o amor de juventud de Gabriel, es la mujer deseada, seducida y abandonada; pieza esencial en la estructura de Diario de una sombra, personaje femenino, que pronto gozará de la mayor estima para el lector; personaje que sustenta la arquitectura cuadrangular de la novela. Elsa es la autora de un diario y de unas cartas que darán la clave para un final tan tierno y sutil como inesperado.
Los personajes nos conmueven, predisponiéndonos a una aceptación o un rechazo… diría que relativo, de cada uno de ellos.  Sabíamos los lectores de la habilidad de María García-Lliberós para retratar a los personajes femeninos. En esta novela esa habilidad logra ponernos a los personajes masculinos al mismo nivel. Y así gozamos de una serie de figuras novelescas, dotadas de vida y personalidad propias; personajes en busca de sí mismos y de la humana incapacidad para superar, lealtades y traiciones, para tensar hasta el límite, en ocasiones, el lado más inhumano de las relaciones familiares, y en otras, el más tierno.
Diario de una sombra es mucho más que otras novelas de su autora, una narración de interioridades y sentimientos, donde la peripecia, el suceso, la acción o la trama existentes quedan a menudo, a merced de los personajes, capaces de guiar nuestra lectura y tirar de nosotros para ejercer de enganche; el estímulo más potente para gozar de su lectura. Ello no significa que las situaciones históricas no tengan su reflejo imprescindible. Lo tienen, así como las preocupaciones sociales e incluso morales más notorias vigentes en los años de más difíciles de la transición a la democracia entre 1970 y 1975, tiempo en el que discurre el núcleo de la acción. 

Leo unos párrafos para reforzar lo dicho sobre la importancia concedida al minucioso retrato de los protagonistas:
“El señor Pradera  apreciaba, por encima de todo, el orden. Al trabajo acudía puntual y vestido con pulcritud. Trajes hechos a medida de paños ingleses, corbatas seleccionadas para dar el toque de color exacto, ni apagadas ni llamativas en exceso, que convertían el conjunto en exclusivo.(…) Caminaba con el porte erguido y el paso ligero, silencioso, propio de un hombre que odiaba molestar y ser molestado. De manos cuidadas, se permitía un defecto: pertenecía al grupo de raras personas que cuando se cortan las uñas (…) hacen una excepción con una del dedo meñique, él prefería el de la mano izquierda, que mantiene algo más larga y redondeada tras el paso de la lima (…) Gabriel Pradera siempre vivió el presente con un ojo puesto en el mañana.”
Resulta sorprendente que la descripción psicológica del sujeto no se apoye tanto en un prejuicio, digamos moral y por ende excesivamente subjetivo sino más bien en una precisa descripción de cómo es el sujeto por fuera, de su atildamiento en el vestir, de su imagen pública. La autora consigue con ello un doble efecto; el que, por un lado, veamos el interior del personaje desde su exterioridad, y que, por otro, deduzcamos, con ella, aspectos de su comportamiento y moralidad, cualidades.
Pero no acaba ahí la cosa:
“Esa uña indiscreta podría interpretarse como un hábito residual de una niñez perdida. Entonces se mordía las uñas y, como era disciplinado, siempre mantenía una de ellas a raya, es decir, un poquito larga en previsión de darse un festín más tarde.” Un toque de sutilidad freudiana.
Diario de una sombra es una novela –y esto puede decirse de pocas- que admite perfectamente una relectura. Resulta impactante el monólogo interior con el que Pradera hace examen de conciencia en las primeras trece páginas del libro, en las que el yo narrador Gabriel, repasa con lucidez su vida de arriba abajo.
María García-Lliberós tiene sentido del equilibrio a la hora de narrar  a sus criaturas literarias; un estilo que respeta aquellos “principios” que señalaba Vladimir Nabokov como necesarios para un buen lector. Ambos, estamos completamente de acuerdo en que un escritor es, o debe ser, antes que nada, un buen lector. Decía Nabokov: “… el mejor temperamento que un lector puede tener, o desarrollar, es el que resulta de la combinación del sentido artístico con el científico. El artista (...) propende a ser demasiado subjetivo en su actitud respecto al libro; por tanto, cierta frialdad científica en el juicio templará el calor intuitivo.” Aunque también es cierto que el autor de “Lolita” recalca que el lector que carece de pasión y de paciencia “difícilmente gozará de la gran literatura”.
Diario de una sombra es también una novela poseedora del suave aroma del erotismo que desprenden unos personajes de clase-media alta;  y muy atenta al tratamiento de los paisajes urbanos –vistos siempre desde la interioridad de cada personaje- de las ciudades que aparecen: Madrid, Londres, Lucerna, Valladolid y Valencia. Especialmente encantadoras para el lector resultan las escenas vividas en Londres.
Se ha dicho también que Diario de una sombra es una novela realista y sería muy largo, y seguramente inútil, extendernos en consideraciones acerca de ello. Sin dejar de serlo, sostengo que, Diario de una sombra es, ante todo, una novela psicológica que maneja la realidad al servicio de la ficción literaria para sintonizarla con el espíritu evocador y humano de sus personajes y circunstancias.
©José A. Vidal Castaño

José Antonio Vidal Castaño es doctor en historia Contemporánea y Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Además es autor de La memoria reprimida. Historias orales del maquis (2004), El sargento Fabra. Historia y mito de un militar republicano (2012) y el libro de relatos Asalto al tren pagador (2015), entre otros.



   

Taller de Escritura Creativa de la Universidad de Valencia, Aula Oberta

UNA EXPERIENCIA NUEVA Y POSITIVA.

        Este año acepté por primera vez la oferta de la Universidad de Valencia (Servei d'Informació i Dinamització, SEDI) de impartir un taller de narrativa breve a un grupo de unos 20 alumnos, de edades variadas y procedencias dispares. Lo hice, tal vez, por eso de disponer de más tiempo pues me jubilé (de mi trabajo como economista municipal) el pasado agosto. Lo tomé como un pequeño desafío, pues jamás he ido a un taller de escritura, ni como profesora ni como alumna. En mi época no existían. He publicado siete novelas, algunos relatos breves y participado como co-guionista de un documental audiovisual de forma autodidacta. Y de esta misma manera, encomendada a mi mejor saber y entender, he preparado las sesiones del taller, combinando la formación teórica con la práctica, intensificando ésta conforme el curso progresaba. Leer ha sido mi escuela de escritura, leer buena literatura, por supuesto, y en esto he insistido mucho a mis alumnos. También me ha ayudado practicar la crítica literaria.
       Debo decir que la experiencia ha resultado muy satisfactoria para mí (he aprendido cantidad de cosas) y confío en que también para los alumnos. El tiempo dirá si ha sido cantera de algún futuro escritor. Me ha obligado a estudiar, a volver a leer a los grandes maestros del cuento, desde Edgar Allan Poe hasta Jorge Luís Borges, y muchos otros  (Max Aub, Italo Calvino, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, etc.). Los he vuelto a descubrir y admirar.
      También, recurrí a otros escritores amigos míos, valencianos, especialistas en micro relatos, como Elena Casero, o en cuento juvenil además de la novela histórica, como Isabel Barceló, o en la elaboración de libros de relatos breves en torno a un mismo tema como Luís del Romero (uno de los escritores más premiado en esta especialidad), o la ficción histórica breve como José Antonio Vidal Castaño. Su presencia en clase ha sido estimulante para todos y valiosa. Y desde aquí quiero darles las gracias.
        Cristina Gaona, una de las alumnas, me ha pasado algunas fotografías del curso, de esos momentos de escritores invitados, con dos de ellos, que sacó sin que nos diéramos cuenta, y que, a modo de recordatorio, cuelgo aquí para compartirlas con el resto de implicados. 

Con Elena Casero, explicando técnicas del micro relato

Con José Antonio Vidal Castaño, autor de Asalto al tren pagador
Con Luís del Romero, autor de Sexo oral.



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