domingo, 18 de febrero de 2018

La reseña de Jaime Millás sobre "La función perdida"

domingo, 18 de febrero de 2018


LA ÚLTIMA NOVELA DE MARÍA GARCÍA-LLIBERÓS

La escritora María García-Lliberós ha roto sus habituales períodos de transición entre novela y novela al presentarnos "La función perdida", su nueva propuesta literaria, cuando todavía los ecos de su última narración "El diario de un sombra" seguían vivos, ocupando espacio preferente en los estantes de las librerías valencianas. Y es que, precisamente, la amplia difusión que ha tenido el diario ha sido la razón, creo, para que emprendiera pocos meses después la aventura de contarnos una ficción realista, en clave de humor e ironía, sobre lo que significa jubilarse en la administración cuando los tribunales están ocupados con procesos de corrupción y los representantes políticos hablan del ocaso de "los últimos jubilados de oro" si no se capitalizan las arcas de la seguridad social. Editorial Sargantana, firma responsable de la edición de los dos títulos, tiene en María uno de los principales carteles de su colección de literatura.
El tono realista que caracterizan las ocho novelas escritas hasta ahora por la autora, una trayectoria profesional que estrenó oficio el año de las Olimpiadas de Barcelona, mantiene un excelente tono y forma literarios en este volumen, de carácter introspectivo y reflexivo sobre lo que significa la jubilación para un ingeniero que lo ha sido todo en la administración pública y que se mira ante el espejo el primer día que no suena el despertador, preguntándose cómo reinventar su vida, cómo adaptar sus hábitos, con quien compartir sus días.

Este punto de arranque ya forma parte del código literario de nuestra querida amiga. Habitualmente la protagonista, en anteriores libros, comienza la relación con el lector poniendo al descubierto un reto que le angustia al mirar el pasado, al vislumbrar el futuro. La diferencia entre las anteriores tramas y la actual es que las 360 páginas de "La función perdida" no reconstruyen un laberinto de conflictos para alcanzar la comprensión y la explicación final de los personajes al término del relato, sino más bien aquí se apunta hacia una vida sin sobresaltos, un entorno social familiar y de amistades en el que más o menos cada pequeña epopeya ya está situada en su sitio, precisamente el espacio de la jubilación laboral, que no vital, donde los proyectos, a juicio de la escritora, son básicamente el disfrute diario de la vida, de los sentimientos del amor y la amistad, y de la libertad de disponer de un tiempo lento y previsible. 
Emilio Ferrer Fontana, exjefe del área de proyectos de una Dirección General de Infraestructuras, ha estado durante muchos años en el centro de las conspiraciones y presiones para conseguir contratas, para anticipar información sobre regulación de suelo urbano, para compensar favores políticos. Ante si mismo tiene la conciencia tranquila, excepto con un expediente en proceso de revisión judicial, y ante los demás, jefes y empleados, proyecta la misma imagen de haber sido un técnico justo y honrado, que nunca perdía el control de los procedimientos. 

Es la primera vez que María construye un personaje varón, a través de cuya mirada pasa todo el relato y sus tramas. Emílio es la única voz narrativa que juzga y analiza a hombres y mujeres, que señala y desenmascara miserias de propios y extraños. En esta ocasión algunos perfiles de mujer están marcados por un trazo grueso, casi odioso, mientras los personajes masculinos despiertan mayor complicidad. En el caso de su amigo de juventud Guillermo, también jubilado, se construye una especie de alter egoque alcanza objetivos a los que Emilio, por tener un talante más conservador, no presta suficiente atención. Varios caracteres femeninos, sin embargo, también tienen su variante positiva: corresponde al de mujeres, con un papel subalterno en la estructura social y profesional de Emilio y Guillermo, que aportan la bondad del amor, la lealtad y la fidelidad como el valor máximo para jubilarse con el corazón activo y emocionado.

La intención humorística y sarcástica es evidente en este libro de García-Lliberós, pero no en todas las situaciones que describe resulta tan brillante como cuando el narrador se dedica a investigar las infidelidades de su vecina o cuando su amigo Guillermo comparte con él los deseos irrealizables de eliminar a su esposa. El buen humor es un recurso humano imprescindible para abordar la jubilación y compensar la marginación a la que la sociedad quiere abocar a aquellos que ya no aportan fuerza laboral y genio creativo.
En las primeras líneas de "El juego de los espejos" Emerano Alcántara, de 46 años recién cumplidos, mira a su esposa Paula y emite un largo suspiro, testimonio de la batalla existencial y matrimonial que está librando en su interior, en silencio. En "Cómo ángeles en un burdel" Angélica nos anuncia el comienzo de la escritura de su diario para poder escuchar las voces interiores que le oprimen por haber vivido mucho y muy rápido. La toma de conciencia del personaje femenino en  "Lucía o la fragilidad de las fuertes" consiste en contarse su propia historia, ponerla por escrito, ordenarla, para empezar a quererse. El personaje central del abogado Joaquín, en "Equívocos", confiesa en las primeras líneas de la novela que quiere levantar acta imaginaria de su vida después de ser abandonado por su amigo y compañero Sergio. Al comienzo del "Diario de una sombra" Gabriel Pradera proyecta su muerte por no haber sabido resolver un conflicto moral que arrastra desde joven. 

Los arranques de los textos literarios de María indican, a menudo, que el personaje busca la introspección para ofrecer la explicación que el lector y el seguimiento de las tramas merecen. En "La función perdida", una buena novela de madurez literaria y vital, esa introspección no está marcada especialmente por la acción o las intrigas literarias, ni por la interacción y la evolución de los numerosos personajes de la novela. Prima más bien la reflexión del narrador, la descripción de sus observaciones, el análisis de la conducta propia y ajena, la aceptación de una realidad que viene determinada por todo lo que Emilio ya ha vivido y que ya conoce. Prima su voluntad de adaptarse a esa realidad, evitando conflictos y cambios, y de vivir el amor que su propia vida le ofrece como fruta madura de un árbol que fué poderoso, manipulador y eficiente.

El blog de Jaime Millás:
http://jaime-desietensiete.blogspot.com.es/

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viernes, 16 de febrero de 2018

"Nunca me abandones", de Kazuo Ishiguro



Editorial Anagrama, 11ª edición, julio 2017  

(1ª edición en 2005)
Traducción de Jesús Zulaika.
351 páginas.

La oveja Dolly nació en julio de 1996 y murió en febrero de 2003. Fue el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Este avance científico abría la posibilidad de llevar a cabo la clonación con otros mamíferos, incluso con seres humanos. La ciencia conduce a territorios inquietantes y, aunque las legislaciones se apresuraron a prohibir esta posibilidad por lo que de aberrante, desde el punto de vista moral, pudiera tener, es obvio que en el campo de la ficción creativa se convirtió en una fuente de inspiración. Ishiguro publicó Nunca me abandones en 2005, dos años después de la muerte de Dolly. Los críticos literarios califican esta novela de ciencia ficción, aunque en un futuro próximo o, quizás ya, podría ser una novela realista. Es lo que genera pánico, la posibilidad de lo que nos cuenta, con un lenguaje tranquilo, suave, al estilo oriental, sin una palabra más alta que otra, pueda pasar a formar parte de nuestra cotidianidad. Y, visto así, sin duda es una novela de terror, un nuevo tipo de terror, mucho más intelectual, que no necesita de atmósferas góticas ni efectos especiales de carácter truculento para provocarlo. 
Kazuo Ishiguro
La novela toma la forma de un relato en primera persona. La voz narradora es la de Kathy a los 31 años, cuando se ha quedado sola y recuerda su vida, su infancia y adolescencia, su relación con Ruth y Tommy, sus mejores amigos, ya desaparecidos. Nunca me abandones, se apoya en dos elementos que aparecen en toda la obra de Ishiguro: la memoria y la pérdida. En algún momento Kathy dice: es muy importante sentirse nostálgico. Cuando nos sentimos nostálgicos, recordamos. 
La primera parte transcurre en Hailsham y abarca la infancia y adolescencia, un internado mixto en medio del paisaje inglés, rodeado de bosques, donde los alumnos crecen felices, practican deportes, desarrollan actividades artísticas –importantes pues a juicio de algunos patronos sirven para comprobar que tienen alma y, en consecuencia, deben ser tratados con humanidad-, y mantienen entre ellos relaciones sexuales con total libertad, aunque vigilados por los custodios. Mientras lees, con esa prosa calmosa y diáfana, parece que en Hailsham no ocurra nada importante. Sin embargo, el lector se va impregnando de un clima extraño. Se percibía en el aire como un barrunto de que alguien estaba callando algo. Los niños y adolescentes jamás salen de Hailsham, nunca hablan de sus padres o hermanos, sus preocupaciones se ciñen al interior del centro, impermeable a cualquier influencia ajena. Saben que son especiales pero ignoran en qué se concreta eso, aunque saben que no tienen padres y que son estériles. También saben que tienen una función en el mundo y es lo que justifica los continuos controles sobre su salud. Pero todavía no han visto como se materializa esa función. Viven felices –Hailsham es su Arcadia-, son obedientes y sumisos.
La segunda parte transcurre en los Cottages, los restos de una granja que había dejado de funcionar, donde pasan dos años. Es un período de abandono de la época arcádica y preparación de la que les espera, porque allí deben de optar entre ejercer de cuidadores, como Kathy o de donantes, como Ruth y Tommy. Carecen de otras alternativas. Seguirán de por vida sin mezclarse con las personas normales y resolviendo sus problemas entre ellos.
Especial interés tiene la escena de la excursión a Norfolk para conocer una “posible” de Ruth (la original de la que ella es una copia). Los jóvenes clonados anhelan conocer a sus posibles porque buscan sus señas de identidad, tan necesarias para saber su lugar en el mundo, tras descubrir y asumir su destino que es convertirse en el suministro de órganos diseñados para prolongar la existencia de las personas que les han servido de modelo, y en abastecer a la ciencia médica.
La tercera parte es dura porque el trabajo de cuidador de donantes está lleno de dolor, soledad y pérdidas, y éstas conllevan las despedidas. Mueren tras la tercera o cuarta donación. Transcurre en diversos escenarios pero, especialmente, en Kingsfield, la residencia de Tommy. Kathy cuidará a Ruth y hará las paces con ella tras múltiples desencuentros y, después, cuando ella haya “completado”, cuidará a Tommy, con quien volverá a sentirse muy unida, y a muchos otros, en un trabajo extenuante y satisfactorio, a pesar de todo.
Nunca me abandones es una novela que exige una lectura lenta y que deja una profunda huella en el alma. Su temática no se olvida, porque te obliga a reflexionar. ¿Por qué aceptan su destino con docilidad y no se sublevan? El autor deja interrogantes en el aire. Lo que cuenta está al alcance de la ciencia actual y permitiría ofrecer a una población de privilegiados una vida más larga y en plena forma. Sin embargo, mientras la estás leyendo no tienes esa sensación, porque fluye con ligereza, parece que se detenga demasiado en cuestiones sin importancia. Los diálogos entre los amigos y los hechos que cuenta adquirirán sin urgencias su valor en el tablero de la novela. Su prosa es poética en ocasiones, capaz de mostrar con enorme dulzura la crueldad de las personas normales frente a la ingenuidad de los especiales. Es una novela que no sólo admite una segunda lectura sino que esta es recomendable para extraer todo su jugo y sabiduría.
Nunca me abandones fue llevada al cine en 2010 de la mano del director británico Mark Romanek, interpretada por Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield. La película, con el mismo título, es muy hermosa y la recomiendo sin dudar, es fiel a la novela, la completa, la hace más comprensible y emociona. Se puede encontrar en NETFLIX.
María García-Lliberós

martes, 2 de enero de 2018

"Miedo y deseo. Historia cultural de Drácula (1897)", de Alejandro Lillo

Siglo XXI de España Editores, 2017.  

366 páginas.   
                     

       Vaya por delante el interés que despierta este ensayo extraído de la tesis doctoral del autor, presentada en la Universidad de Valencia. Aborda la novela Drácula, de Bram Stoker, publicada en 1897, con la mirada del historiador cultural que toma esta obra gótica como otra fuente de investigación para analizar las visiones del mundo y los valores sociales imperantes en la Inglaterra victoriana e incluidos en ella. Lo hace con rigor admirable y, lo más importante, con un lenguaje elegante, lleno de amenidad, que convierte un trabajo académico en un texto accesible y atractivo al gran público.                                                        
Alejandro Lillo

     Drácula como personaje no nos resulta ajeno. El cine ha contribuido a ello, lo ha hecho popular y ha definido su personalidad en el imaginario colectivo. Sabemos que procedía de una familia noble de Transilvania, que era el propietario de un castillo siniestro en los montes Cárpatos de la Rumanía profunda, que fue un vampiro temido que con sus eróticos mordiscos sometía a su voluntad a bellas mujeres que, a su vez, con su capacidad de seducción, vampirizaban a otros seres humanos para servir  de alimento a su señor. La fama cinematográfica de Drácula ha dejado en un segundo plano la lectura de la novela original, mucho más rica de matices, como Alejandro Lillo nos muestra en este libro. Vale la pena volver sobre ella.
     La novela de Bram Stocker tiene una estructura compleja, conformada por múltiples documentos: diarios de tres protagonistas, alguno mecanografiado desde un fonógrafo, cartas,  telegramas, recortes de prensa, que Jonathan Harker, el joven pasante de abogado que fue el primero en entrar en contacto con Drácula, decide ordenar y consigue darle forma de relato, un relato sin duda extraordinario. Lillo toma como material esencial de su trabajo los diarios: el de Harker que incluye su experiencia viajera desde Inglaterra al castillo de Drácula y su terrorífica estancia en el mismo; el de la inteligente Mina, su prometida y luego su esposa y víctima del vampiro; y el testimonio de John Seward, un médico psiquiatra que dictará su experiencia a un fonógrafo que Mina trasladará al papel. Desmenuzará el lenguaje utilizado por dada cual, casi de la misma manera en que un científico disecciona un insecto en un laboratorio y deducirá conclusiones. Un trabajo apasionante.
     Nos pondrá en evidencia cómo Harker observa el mundo que se le presenta con una mirada superior, prejuiciada, la del que se sabe que pertenece al mundo occidental donde se encuentra la seguridad y  la certeza, lo que limita sus posibilidades de absorción de la realidad. Tras el encuentro con Drácula, cambiará. Describe al monstruo como un anciano de fuerza prodigiosa, de labios rojos, boca cruel y dientes afilados, orejas puntiagudas, uñas largas en punta (aspectos que el cine ha consagrado) que viste de negro lo que resalta su piel pálida, de comportamiento cortés y que provoca sentimientos encontrados desde la repulsión y el terror a la admiración. Drácula habla con un lenguaje siempre ambiguo y enigmático, sus frases pueden interpretarse de varias maneras, lo que desconcierta a su interlocutor incapaz de captar la riqueza del mismo. En el castillo viven tres mujeres vampiro que le excitan y aterrorizan a un tiempo, le estimulan el deseo sexual y le paralizan, y que pervierten los roles sexuales establecidos porque son activas y él, el varón, muestra ante ellas una impropia pasividad.
     El análisis del diario de Mina es especialmente ilustrativo de la condición de la mujer en la sociedad victoriana, recluida al ámbito de lo doméstico y subordinada al varón. Mina es un personaje complejo que Lillo analiza a través de su relación con su amiga Lucy -interesantes las observaciones sobre el lesbianismo, no reconocido en la sociedad inglesa y, por tanto, no estigmatizado-, con Harker y con el grupo de varones, liderados por los doctores Seward y Van Helsing decididos a luchar contra Drácula. Mina asume una situación de marginación injusta impuesta por el criterio paternalista de los hombres, se comporta como feminista, aunque no lo sepa y no sea una activista, porque reivindica una igualdad que no cabe en el orden social de su época. Tiene que moverse con astucia, entre su anhelo de participar en lo público y el riesgo que entraña. Tiene una enorme capacidad para comprender y sentir piedad por el otro que incluye al propio Drácula.
     Del testimonio del doctor Seward destacaría la comparación que efectúa Lillo entre su personalidad y la del propio Drácula, su entorno profesional en el lóbrego sanatorio y el del castillo de Drácula, su desprecio y crueldad hacia los inferiores, su frialdad en el trato. A través de él pone de manifiesto como la concepción de Drácula sobre las mujeres y su deseo de dominarlas  e instrumentalizarlas es semejante al concepto masculino victoriano de dominio de los varones sobre las féminas. 
     Miedo y deseo. Historia cultural de Drácula (1897) nos ofrece una nueva mirada sobre la archifamosa novela, porque aflora una multiplicidad de discursos que cuestionaban la ideología imperante, los valores que en la segunda mitad del siglo XIX sostenían la civilización occidental. En este sentido Drácula, de Bram Soker, surge a los ojos del lector no sólo como una novela gótica, de vampiros, una pizca detectivesca, con alguna amenaza sobrenatural, sino como un libro contracultural e, incluso, revolucionario.
     Y, por supuesto, este ensayo crea una necesidad imperiosa de volver a leer Drácula, de Bram Stocker,  y constatar  por nosotros mismos esa riqueza discursiva que Alejandro Lillo nos ha mostrado. Es lo que me dispongo hacer a continuación.
     María García-Lliberós
    



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miércoles, 20 de diciembre de 2017

"Desde la sombra", de Juan José Millás.

Editorial Seix Barral, 2016.                       
                 
208 páginas. 18,90 € en papel.

Estamos ante una novela corta de Juan José Millás (Valencia, 1946), muy representativa del autor, porque contiene todas sus obsesiones literarias (la identidad, la soledad, el amor, el componente fantástico). Una novela que se desarrolla en tres escenarios: dentro de la mente del protagonista, en un virtual plató de TV y en la realidad y  que, por su prosa sencilla, por su pericia narrativa, por el humor que impregna el relato y el derroche de imaginación vertido, se lee con enorme facilidad. Es una obra que, bajo la apariencia de novela fantástica, contiene una importante carga de cariz político: un plante rebelde contra el sistema capitalista industrial salvaje que deja en la invisibilidad a sus principales víctimas, los parados. Y una considerable dosis de análisis y patologías psicológicas, generadas por el modo de vida actual. Aborda problemas contemporáneos.       
Juan José Millás
El autor diseña un personaje principal: Damián Lobo un tipo frágil, sin afectos ni vida sexual (a excepción de sus experiencias surrealistas con su hermana china adoptada), un hombre corriente y rutinario, que ha sido despedido de su trabajo sin explicaciones tras décadas en la misma empresa y se encuentra desorientado en la vida. Tras un incidente disparatado en unos grandes almacenes, escondido en un armario antiguo de tres cuerpos, acabará en el dormitorio de Lucía y Fede, un matrimonio que con su hija María viven en un chalet de las afueras de la ciudad. Y aquí empieza la aventura de reinventarse para volver a ser útil. Su nuevo empleo será el de fantasma bienhechor para Lucía, la madre y esposa, y su nuevo lugar en el mundo, el armario, donde encontrará la paz. Desde ese escondrijo estudiará al matrimonio que discute y se quieren poco entre sí, y experimentará un proceso disociativo de la realidad. “El silencio absoluto desde una oscuridad absoluta, es lo más parecido a la muerte”, dice en algún momento.
Damián, hambriento de atención, creará en su cabeza un personaje con el que dialoga de continuo, Sergio O’Kane, un periodista de TV conductor de programas basura emitido en directo, con público en plató maleducado, y se ve a sí mismo como su entrevistado estrella, con el que la audiencia se dispara, cuando se decide a contar su aventura. Hay una permanente confusión entre una realidad extraordinaria y la fantasía que alimenta sus delirios y él mismo sospecha poseer una patología. La locura es un tema reiterativo en la obra de Millás. En la segunda parte, sustituye a O'Kane por Iñaki Gabilondo, un periodista respetado, lo que supone un plus de comicidad para el lector. 
Ejercer de fantasma le requiere informarse y lo hace a través de un foro sobre fantasmas en internet donde en poco tiempo se hace famoso, desde su invisibilidad absoluta. La novela es también una parodia de la comunicación a través de la red.
Muy conseguidas las escenas sexuales entre Fede y Paula, su empleada, ambos vulgares, aprovechando un viaje de Lucía, y la actitud de Damián como escuchador, una forma de mirar, desde su escondite (el voyerismo es otro tema favorito del autor). Las conversaciones entre ellos son maliciosas (“¿te imaginas que la madre de Lucía falleciera mientras follamos en su cama?”) y, por tanto, incrementan la audiencia en su plató delirante y le generarán ternura hacia Lucía y, desde su invisibilidad ejercerá su nuevo poder.
“Dios era el ser más famoso del Universo sin que nadie lo hubiera visto. Eso era el poder, la capacidad de actuar desde la sombra”. Damián actuará desde la sombra para consolidar su futuro. Y lo hará con ingenio y eficacia.
En definitiva, una novela inteligente, kafkiana, ocurrente, casi surrealista, que se lee en un pispás, aparentemente ligera, que esconde una fábula moral y política que la hacen recomendable. Una novela con la que Millás retorna a sus orígenes y conecta con lo mejor de su obra: El desorden de tu nombre , La soledad era esto, o Volver a casa.

María García-Lliberós

viernes, 8 de diciembre de 2017

Reseña de José Manuel González de la Cuesta de "La función perdida"

LA FUNCIÓN PERDIDA. Novela 

de María García-Lliberós

             
Uno de los fantasmas que espantan a los recién jubilados, es la pérdida de su función en la sociedad, sobre todo cuando nos han enseñado que nuestras vidas sólo tienen sentido si giran alrededor del trabajo. El miedo a la nada, al vacío como ser productivo, al silencio social y la soledad que amenaza con rodearles, provocan sentimos depresivos y de quebranto de la identidad como ser necesario y todavía útil para vivir. 
                De eso trata “La Función Perdida” (Sargantana 2017), última novela de María García-Lliberós, de los miedos que atenazan a Emilio Ferrer, recen jubilado a los 70 años de su cargo como Ingeniero y Jefe de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras de la Comunidad Valenciana. Un Hombre con poder y prestigio, que de la noche a la mañana se enfrenta al olvido y el vacío que le provoca una vida sin nada que hacer. De eso y de muchas cosas más. Porque Emilio Ferrer, viudo y con los hijos viviendo en ciudades lejanas, tras el primer impacto emocional de encontrarse solo en su casa, sabrá, con la generosa ayuda de su amigo Guillermo y la aparición de su nieta Marisita, una adolescente que entra en su vida como un torrente de aire fresco, enfrentarse a sí mismo y resurgir, como un Ave Fénix de sus cenizas, de su condición de jubilado abúlico, para descubrir una vida llena de novedades y satisfacciones, que le resultan absolutamente desconocidas en su persona.
                María García-Lliberós trata con maestría un problema que afecta a una parte cada vez más creciente de la población: la jubilación. Y lo hace con humor, consiguiendo que Emilio Ferrer, a pesar de su carácter torcido,  se convierta en un ser entrañable y casi familiar. Sin olvidar lo grotescos que pueden llegar a ser, por la falta de dramatismo con que son tratados,  algunos de los problemas que afectan a la Comunidad Valenciana y por extensión a toda España, como la corrupción y la crisis. Pero no son estos los temas, ni siquiera secundarios de la novela. Con el alarde que durante su dilatada vida de escritora ha ido consiguiendo, todo lo convierte en un gran escenario por donde transita Emilio Ferrer y compañía. Porque en el fondo sus problemas son los de todos nosotros, más allá de nuestra condición en el mercado de trabajo: la identidad, el miedo, el amor, el reconocimiento, la soledad, la venganza…, en definitiva, la búsqueda de un lugar en el que no sintamos reconocidos y reconocibles, amados y amantes.
Esa es la gran aventura que inicia Emilio Ferrer el día que se jubila y se enfrenta a un mundo desconocido para él, vacío de contenido. Todo contado en primera persona, lo que hace al personaje mucho más atractivo y la novela más interesante. Porque hay cosas que se deben contar en primera persona y María García-Lliberós tiene la magia de meterse en el papel de Emilio Ferrer y hacernos olvidar que es ella la que escribe. 
                  
               
José Manuel González de la Cuesta (en su blog laescrituraesférica.blogspot.com.
               

Comentarios

  1. Gracias, José Manuel. Como siempre, tus observaciones son agudas. Esta novela me costó mucho escribirla. Tal vez por haber elegido como voz narradora la de un hombre, el personaje protagonista, lo que me obligaba a adoptar un punto de vista masculino y meterme en su piel. He vuelto a leer la novela de nuevo y los resultados me parecen satisfactorios. He disfrutado y eso me parece una buena señal (después de sabérmela casi de memoria). Ojalá los lectores la disfruten también.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Justo Serna lanza en Facebook un avance de su opinión sobre "La función perdida"

La función perdida, de María García-Lliberós
Justo Serna


El jueves 30 de noviembre presentamos en Sagunto la nueva novela de María García-Lliberós: ‘La función perdida’. La publica la Editorial Sargantana y el título, tan afortunado, debe mucho a Marisa Begué

Me cabe el honor de intervenir en dicho acto. En el de la Presentación, me refiero. Es una gracia que me hace María.

Lo mejor de una novela siempre es lo que en ella se dice de forma expresa y, más frecuentemente, lo que sugiere, lo no dicho e intuido por el lector a partir de las palabras explícitas de quien narra. Nos fuerza a imaginar, a rellenar.
Justo Serna y María García-Lliberós

Una ficción dice y muestra: “to say and to tell”. Esto es, se nos detalla o se nos presenta lo ocurrido. O ambas cosas a la vez, pues no es lo mismo.

En la obra de María García-Lliberós, quien cuenta su propia peripecia es Emilio Ferrer Fontana: un tipo que nada tiene que ver con la autora. Cuando Emilio comienza a narrar sus cosas, sobrepasa los setenta y cinco años. Es ya un jubilado. Nos va a detallar el lustro que precede. Lo vemos enrabietado, hostil.
Es un ser antipático, arrogante, de imperio..., que lo largo de los años ha sabido cobrarse lo que el mundo le ha infligido. Ha vivido esa relación (con el mundo) como un juego de suma cero y así le va.
Pero es también un varón fuerte que de repente se queda amputado, a la intemperie. Su verbo en primera persona es convincente y leemos su descarga o su descargo como la facundia de un hombre detestable y tajante. Se maneja y se expresa con autenticidad. ¿Qué ha sido de él? ¿Qué será de él?

Yo no tengo simpatía alguna por Emilio. La cualidad de una novela es hacernos sentir emociones por personajes que no nos interesan o que nos resultan odiosos.
Ferrer Fontana bien pronto me interesa: por lo que dice y muestra y por lo que la autora no le hace decir ni mostrar. Sus cuitas no son las mías y su pequeña epopeya apenas tiene que ver conmigo. 

Con Emma Bovary, a quien por cierto aquí se invoca indirectamente, yo no tenía nada que ver. Gustave Flaubert me supo interesar por un caso, el de una mujer adúltera del Ochocientos, cuya tragedia me resulta lejana. 

Las vidas de Emilio y de su esposa ya fallecida, Ana Monfort (que padece el mal del bovarismo), no forman parte de mi mundo, pero sus respectivas vicisitudes acaban por inquietarme. Son, aunque me pese, mis contemporáneos.

El jueves tendré oportunidad de añadir muchas más cosas acerca de esta novela. En las dos presentaciones que ya se han realizado, Ana Noguera e Isabel Barceló han subrayado aspectos relevantes. 

Por mi parte, en Sagunto (plaza que no es sencilla), espero provocar todo el interés por una obra y por una autora que merecen nuestra atención. Ni soy mujer ni me parezco a Emilio, el jubilado. 

Pero ésa es la gracia de un relato con fuste: despierta la inquietud de quien en principio se sentía ajeno y provoca la lectura constante e indesmayable de quien se creía extraño a la peripecia que se le cuenta.

Y diré más. Mucho más..., con ganas y con la jovialidad que me inspira esta obra.


Justo Serna es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, autor de una decena de libros, director del club de lectura de la librería GAIA, excelente lector de novelas y persona muy activa en redes sociales.

viernes, 24 de noviembre de 2017

"La magia que nos lleva", de José Miguel Borja

Entrelíneas Editores, 2017                                        
180 páginas.
19,95 €

José Miguel Borja (Gandía, 1935), es un  hombre singular y polifacético. Se considera, y ha ejercido, como fotógrafo, óptico-optometrista, guionista y realizador de cine  y TV, y colaborador en varios periódicos y revistas. Y, sobre todo, es un autor prolífico con más de veinticinco libros publicados, entre novelas y ensayos. Fue Premio Ciudad de Valencia en 1992 con Allegretto a la turca, y entre sus novelas destacan Lucrecia mi amor (1989), Las naranjas de oro (1995), El rey del azúcar (1998), El nieto secreto del general Franco (2000) o El gobierno de las damas (2014).                                         
José Miguel Borja
He leído gran parte de su obra y debo decir que siempre he disfrutado con su lectura, porque José Miguel Borja tiene una prosa fluida, cuidada y rica, aborda temas que interesan, actuales o con origen en nuestra época colonial, que suele ubicar en la Comunidad Valenciana y en América del Sur: Cuba, Chile, Argentina son perfectos escenarios exóticos de sus historias, y sus protagonistas suelen ser seres extraordinarios, por sus caracteres o por poseer poderes extrasensoriales. Además, sus libros están impregnados de fantasía sin límites, sensualidad, sexualidad, y sentido del humor.
Su última novela publicada La magia que nos lleva es otro ejemplo de esto que les digo. En este caso los protagonistas son los Valdivia, una familia de libreros que llegaron a poseer la mejor librería de Santiago de Chile, propietarios de la colección de libros del último Gobernador de España en Chile nutrida de incunables y primeras ediciones de inmenso valor. La novela recoge tres generaciones de esta saga de libreros tolerantes y aficionados al espiritismo, las mujeres bellas, la buena vida, el riesgo y por encima de todo, el amor hacia los libros y la cultura. La historia que nos cuenta va desde 1817, en la que el tatarabuelo del Valdivia narrador inicia la colección, hasta unos años mas tarde al golpe militar de 1973 contra Salvador Allende. Respeta los hechos históricos y aporta un sinfín de detalles que harán las delicias del bibliófilo más exigente pues José Miguel Borja demuestra poseer unos conocimientos apabullantes al respecto. 
En definitiva, una novela que se lee con agrado, se hace corta, se aprende con ella y despierta la imaginación del lector que atiende asombrado a la sucesión sin tregua de peripecias de los personajes hasta el desenlace final.
María García-Lliberós

jueves, 23 de noviembre de 2017

Isabel Barceló habla sobre "La función perdida", de María García-Lliberós

Presentación de la novela LA FUNCIÓN PERDIDA de María García-Lliberós
Lugar: Librería Soriano de Valencia
Fecha: 22 de noviembre de 2017                                           
Isabel Barceló

Como muchos de Vds. saben, María es autora de numerosas novelas y relatos cortos, algunas de ellas han recibido importantes premios, como el Premio Gabriel Sijé en 1992 con la novela “La encuestadora”, el Premio de la Crítica Valenciana, en 1999 con la novela “Equívocos”, el premio Ateneo de Sevilla, en 2002, con la novela “Como ángeles en un burdel” y, nos ha hecho disfrutar con otras novelas que han tenido un gran éxito de lectores y de críticas, entre ellas “Babas de caracol (2006 y 2014), o la más reciente “Diario de una sombra” publicada en 2015.
María nos tiene acostumbrados a una escritura solvente, sólida, con una prosa muy cuidada, personajes perfectamente construidos y con tramas y conflictos que jamás dejan indiferentes a sus lectores, pues responden a realidades cercanas, reconocibles.
Uno de los rasgos característicos de su obra es la hondura psicológica que otorga a sus personajes y los hace vivos, les da cuerpo y alma, defectos y virtudes, capacidad de reflexión y, sobre todo, los hace evolucionar, aspecto este último muy importante, pues constituye el núcleo central, el corazón, de la materia literaria.
Todas estas cualidades están presentes en grado sumo en su nueva novela, LA FUNCIÓN PERDIDA, y a ellas aún suma otra más que en mi opinión, estaba menos desarrollada en sus obras anteriores: el sentido del humor, a veces un tanto corrosivo, que aquí impregna de principio a fin toda la historia.
Debo confesar que, cuando empecé a leer esta novela, miraba con mayor interés y con cierto recelo a todos los jubilados que me encontraba por la calle. Me preguntaba ¿qué ideas se ocultarán detrás de sus apariencias inofensivas, debajo de sus palabras amables?. No me fiaba mucho. Hasta que caí en la cuenta de que yo también era una de ellos y, por tanto, capaz de desarrollar, al menos potencialmente, la misma mala baba que Emilio Ferrer, el protagonista absoluto de esta historia. 
He de decir, en descargo de Emilio, que no tenía ganas de jubilarse y no lo vive bien, porque en definitiva la pérdida del estatus profesional y social, del ejercicio de la autoridad , le abre un cierto vacío a sus pies, como si, al verse despojado de sus atributos laborales, se hubiera convertido de pronto en nada, en una cáscara hueca, con un presente insatisfactorio y negras perspectivas de futuro. Con el malhumor que le produce ese panorama y con la ayuda de un cinismo largamente cultivado, ya pueden imaginar que hay que andarse con mucho ojo con don Emilio.
Él nos cuenta su vida a partir de la jubilación con mucho desparpajo, sin ocultarnos nada, al menos en apariencia. Él mismo se describe así:
Me fui cuando las vacas gordas daban los últimos mugidos. He sido un hombre importante, respetado, temido, con influencia en los ámbitos económicos y políticos de los socialistas y de los populares, ninguno se atrevió a cesarme, y es que no todos los políticos son iguales, desde luego, pero en la distancia corta se parecen mucho. Supe adoptar un perfil de técnico bien informado que que no se casa con nadie y al mismo tiempo, de fiar, es decir, flexible ante los deseos del político de turno, y discreto. Una flexibilidad digna, sin aparentar que doblegas la cerviz. El funcionario que necesitan a su lado porque sabe vestir el expediente y dar cobertura legal a sus tejemanejes.
 Sin duda es un tipo hábil y diplomático. Pero, al mismo tiempo que conserva esas habilidades, la edad también lo ha vuelto más descarado, así que rara vez se calla u oculta sus opiniones acerca de las personas o de los asuntos que antes hubiera tratado con exquisita mano izquierda. El descaro es un rasgo característico de la edad.
Su historia está enraizada en nuestra realidad actual, de manera que los avatares de don Emilio reflejan muchos de los grandes temas que nos preocupan y nos acucian: las relaciones intergeneracionales y, en especial, con los hijos; las nuevas tecnologías y sus peligros; la actualización de los errores pasados, pues rara vez podemos librarnos definitivamente de nuestras viejas cargas y tampoco de las faltas, más o menos graves, que hayamos cometido a lo largo de nuestra vida; la necesidad de adaptarse a la jubilación, esa nueva situación que exige de nosotros redescubrirnos, despertar de nuevo a los pequeños placeres cotidianos y también a los afectos, al amor de pareja que muchos creen imposible o encuentran intolerable que nazca a partir de cierta edad.
LA FUNCIÓN PERDIDA nos ofrece una visión realista y, a la vez, optimista de esa etapa que nos conduce hacia el final de la vida. En nuestras manos está, en gran parte, el conseguir que sea hermosa y feliz, amable, ilusionante. Y no lo digo por quienes ya han alcanzado o están cerca de alcanzar la jubilación, sino por las generaciones más jóvenes que, quizá sin darse cuenta, pretenden gobernar, limitar o negar esa vida plena a sus mayores.
En resumen, estamos ante una novela muy interesante, divertida, de lectura rápida, que tiene una doble maestría: la de poner ante nuestros ojos un espejo y la de aunar la hondura de los temas con el humor, la fluidez y la ligereza de su prosa.
Solo me cabe felicitar a María por esta obra con la que, en mi opinión, ella misma inaugura su propia nueva etapa y lo hace con una fuerza, un confianza y una claridad de ideas que todos querríamos para nosotros mismos. Enhorabuena.
 Isabel Barceló Chico


Nota: Isabel Barceló ha publicado, entre otras, las novelas Dido, reina de Cartago (2009), La muchacha de catulo (2013)




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